Rutas a Santiago

El origen de las peregrinaciones a Santiago de Compostela hay que buscarlo en el hallazgo de la tumba del Apóstol Santiago el Mayor en el bosque de Libredón, en el que se levantó una basílica en torno a la que fue tomando cuerpo Santiago de Compostela.

Pese a que resulta difícilmente demostrable, existe cierto consenso sobre la labor evangelizadora de Santiago el Mayor en la Península Ibérica (el itinerario aproximado lo habría llevado, entre otras, a Coimbra, Braga, Iria Flavia, Lugo, Astorga, Zaragoza y Valencia). Una vez concluido este periplo, el Apóstol regresó a Palestina, donde fue condenado a muerte. Cumplida la condena, dos de sus discípulos recogieron su cuerpo y lo trasladaron al noroeste de Hispania, al otro extremo del Imperio Romano, para darle sepultura.

Durante la Edad Media se popularizó la peregrinación a Santiago; el incipiente Camino de Santiago congregó a gentes de toda Europa, y este ir y venir de personas, conocimientos e ideas se tradujo en un impulso cultural y artístico que todavía hoy podemos apreciar en catedrales como la Pulchra Leonina.

La ruta se popularizó de tal modo que no tardaron en surgir vías alternativas, aunque ninguna tan transitada como la que hoy conocemos como Camino Francés. El recorrido entre Roncesvalles y Santiago de Compostela recorre ciudades como Burgos o Astorga por mecionar solo dos que llegaron a contar con 20 o más hospitales para atender a los peregrinos.

Los dos caminos a Santiago más conocidos si exceptuamos el Camino Francés son la Vía de la Plata y el Camino de Norte.